¿Nerviosa?, pregunto yo, a lo que ella me contesta con una sonrisa ¨No, creo que no, pero sí con unas ganas locas de que llegue ya el momento¨.

TODAS y cada una de esas mujeres me han inspirado, me han enseñado y fascinado desde el primer momento en que las conocí.

Durante éste último año he tenido la gran suerte y el privilegio de trabajar con mujeres impresionantemente fabulosas que estaban con los preparativos de su gran día, el día en el que se darían el SÍ QUIERO con la persona a la que aman y con la que les ilusiona compartir cada momento de sus vidas.

Seguro que los maquilladores y los peluqueros que trabajan en bodas sabrán de lo que hablo, porque la clienta más ¨especial¨ tanto en lo quisquillosa como en lo contenta que puede llegar a ponerse en un segundo, es una novia.

Pero éste artículo se lo quiero dedicar a una de esas novias en concreto, una que me asombró por su tranquilidad, feminidad y el gran amor por su futuro marido que se notaba en cada una de sus frases,
la novia más tranquila, relajada e ilusionada que llegué a maquillar en su gran día.

Ilusionadas están todas, no me malinterpretéis, pero ella estaba deseando que llegara el momento de los votos. No de la fiesta o de que pasara ya de una vez esa locura, sino que le ilusionaba EL momento.

Pese a imprevistos, retrasos y momentos que requirieron su atención más de lo planeado, mantuvo siempre la tranquilidad. Supongo que las ganas de aparecer delante de su amor, el cariño familiar con el que la envolvieron ese día y el ambiente relajado y lleno de risas y chistes ayudaron para mantener la calma, pero aun así, esa actitud sale de dentro de cada persona.

Ahora voy a hablar como mujer, como maquilladora y como espectador desde fuera.
Toda mujer quiere que el día de la boda sea perfecto, con todo el mundo a gusto, nosotras ideales y que todo sea como en un cuento de hadas. Y cuanto más se acerca el día, más nervios nos atacan. Más nervios, más imprevistos, más de todo lo que puede llegar a estresarnos.

Ese mismo estrés es lo que te hace olvidar lo más importante: que el día de tu boda es para que lo disfrutes. Que disfrutes de tu futuro marido, de tu familia, de la fiesta, de los brindis que te sacan los colores y las lágrimas, de los bailes, de… de cada segundo de un día que nunca más se va a repetir. O por lo menos esa es la idea.
¿Qué más da que alguien llegue tarde o que te haya salido un granito detrás de la oreja? Qué más da que el sol parece que no va a salir o que tu wedding planner no pare de correr para arriba y para abajo más estresada que todos los invitados juntos?
¡¡NO PASA NADA!!
De verdad que no pasa nada.

Hagas lo que hagas, tú seguirás siendo la más guapa de todos, porque tú eres la novia, llena de ilusión y con un brillo único y especial en los ojos. Hagas lo que hagas, la gente se lo va a pasar fantástico porque a pesar de los pequeños detalles o fallos, la gente disfrutará de tu boda como si fuera el evento del siglo alegrándose por vosotros.
Queremos la perfección ese día, pero deberíamos dejar margen para la improvisación. Ahí tal vez es donde te tomas las cosas con más tranquilidad y puedes llegar a disfrutar de los últimos días de soltera.

Así que, ¿para qué ponerte nerviosa? Lo único que conseguirás es reflejar ese malestar en tu cara o perderte los pequeños e únicos detalles, detalles como la cara asombrada de tu amor cuando te vea entrar por el pasillo toda de blanco y radiante. Ahí es donde se desvanece todo y te das cuenta que ÉL… él es el que vale todos esos meses de preparación, pruebas y listas kilométricas de cosas. Él es el que te mira a los ojos y te dice sin palabras: ¨Siempre mía, siempre tuyo¨.

 

Modelos: Una de mis novias con su marido en su gran día.
Maquillaje/Peluqueria: Yo, Lisa Bodrug.
Fotografia: Ruth Roldan (www.ruthroldan.com)